
Hace unas semanas repasábamos los acuerdos Iglesia-Estado, su fundamento jurídico y constitucional. Unas declaraciones de Gregorio Peces Barba me han iluminado un pequeño comentario que complementa lo dicho en la sesión. No son más que unos apuntes, pero quizá puedan ayudar a la hora de enfrentarse a algunas noticias recientes sobre la Iglesia y la actitud del Estado ante las religiones. Recomiendo leer la noticia primero y luego el comentario.
Comentario
Que el estado sea laico o aconfesional son distinciones que no tienen importancia si no se precisa más.
Primero: La sociedad no es laica. No puede serlo dado que sus miembros tienen creencias, ya sean ateas, musulmanas integristas o católicas. Por tanto, la sociedad es plural en sí misma.
Segundo: "Laico" como término tiene muchas acepciones, todas ellas opinables. Entiendo que lo normal en estos casos es decir que el estado ha de ser laico en el sentido de ajeno a una religión concreta. Se pretende que así el estado podrá ejercer su función de servir a cada miembro de la sociedad que, dado que ésta es plural, puede tener distintas sensibilidades religiosas.
Tercero: Lo que excedería el papel del estado es extender su aconfesionalidad a la sociedad. Esto podría darse en una sociedad religiosamente indiferente (muéstrenme una en el mundo), pero si se tratara de forzar a una sociedad a ser irreligiosa o a despreciar los valores religiosos, sería un exceso inadmisible en el estado, tanto o más que imponer una religión a la sociedad. Esta corriente se suele llamar laicismo, aunque su sentido también es discutido. Una variante moderada, muy frecuente, es la que aboga por eliminar los "privilegios" de la Iglesia; contestaríamos que dichos privilegios surgen de la Constitución, por lo que no pueden ser lex privata, sino expresión concreta de la ley fundamental.
Cuarto: El modelo constitucional actual en España es ciertamente aconfesional, pero reconoce la confesión católica como mayoritaria y el deber del estado de colaborar con la Iglesia y las distintas confesiones. Se ve cómo la tentación laicista es directamente contradictoria con el contenido de la Constitución Española; no cabe, por tanto, una actitud laicista de estado en nuestro actual modelo constitucional (en otros países sí, véase Francia, por ejemplo).
Todo esto es opinable, pero convendría aclarar los términos usados en la discusión para que ésta tenga sentido. Desde mi modo de ver las cosas, la postura de Peces y compañeros mártires supone un totalitarismo con cierto tinte propio de los fanatismos religiosos. Como no creen en Dios, supongo que esa religión ha de tener ciertos tintes egolátricos... no sé por qué me da que cualquier miembro de las juventudes hitlerianas de los años treinta hubiera suscrito palabras parecidas a las de Peces Barba sin pestañear.
Francisco José Delgado



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